Miércoles, 13 de Diciembre de 2006 10:57 Última actualización el Lunes, 01 de Febrero de 2010 10:45
La enfermedad es un conflicto entre el ego y la conciencia que produce desórdenes de los sistemas y tejidos orgánicos. Ese conflicto surge al dejar de interrelacionarse con uno mismo y con aquello que nos rodea, lo cual nos lleva a perder el norte, dicho de otra manera, a perder el equilibrio con la conciencia. Esta disminución en el equilibrio permite al ego llenarse de desinformación, o lo que es lo mismo, ayuda a aceptar información adulterada que por comodidad se acepta como información correcta. Esta desinformación es el camino hacia la vida antihigiénica, es decir, hacia la pérdida de energía vital o hacia la enervación que sólo sirve para aumentar la toxicidad, generando consecuentemente la enfermedad aguda que luego se convierte en crónica y que pasa a estado degenerativo, terminando con la muerte del órgano, sistema o por completo del ser vivo.
Nuestro cuerpo reacciona delante de las toxinas generando procesos inflamatorios que son la consecuencia física de la lucha entre la conciencia y el ego. Si existe energía vital se gana la batalla, sino, si la energía vital ha sido devorada por el monstruo de la desinformación, lamentablemente la toxina vencerá y la curación no se podrá llevar a cabo. La curación sólo es posible retrocediendo voluntariamente por el camino que condujo a la enfermedad, generalmente es un proceso incómodo y duro de llevar a cabo. Sólo cuando se comprende dónde se está cometiendo el error y realizando el esfuerzo de corregirlo, se desencadenará el proceso de curación; desde el interior al exterior y en orden inverso a los síntomas aparecidos. Como dijo Hering, materializándose mediante crisis curativas que son, ni más ni menos que, fases reactivas. La terapia floral de Bach permite suavizar estas crisis, si se empieza por curar el Alma y para ello es necesaria la FE, la CERTIDUMBRE, la ESPERANZA, la ALEGRÍA, la PAZ, la SABIDURÍA y sobre todo el AMOR.
El Dr. Bach recomienda para lograr el equilibrio interior seguir los impulsos divinos del Alma que nos engrandecen como hijos de Dios, y no a los impulsos bajos del ego, que nos llenan de perturbaciones y energías de bajo astral. La dificultad de seguir los dictados del Alma está en nuestra capacidad de discernimiento para detectar lo que nos engrandece contra lo que nos distrae o perturba. Si nuestra mente y sentimientos están dedicados totalmente a las interferencias externas del ser, por mencionar algunos factores están la comida, la riqueza, el erotismo, el poder, la tiranía y la superioridad, creamos una especie de muro que nos impide escuchar nuestra voz interior y ver la verdad de lo que somos y/o debemos ser, consecuentemente no logramos escuchar a nuestro Yo Superior. Más grave aún son las innumerables interferencias interiores, por mencionar algunas están los defectos, el ego, la preocupación, el falso sentimentalismo, las bajas pasiones, la intelectualización, el mentir, las envidias, las iras, los miedos, la pereza, los orgullos, críticar a los demás, las lujurias, las fantasías, las proyecciones mentales, las crueldades, y cientos de obstáculos más.
Para superar esos estados alterados de la personalidad es que las esencias florales son de mucha utilidad, pues nos ayudan a despejar del camino las interferencias interiores y exteriores y así lograr escuchar con mayor claridad el dictado del Yo Superior, lo que común mente llamamos nuestra voz interior. Al liberarnos del defecto estamos abriendo la puerta para dejar salir a la virtud bloqueada, dejamos salir nuestro verdadero Yo, que es divino y perfecto, tal cual como Dios lo creó. Grandes maestros nos han mostrado parte del camino a seguir para llegar a fusionarnos con nuestra Alma y poder oír plena y claramente sus dictados, estos maestros nos mostraron el camino del autoconocimiento interior, lo cual nos ayuda a manifestar nuestra Divinidad.
Cabe señalar que la terapia floral es un maravilloso instrumento para lograr la salud física, mental y emoción; no obstante he de hacer notar que no es una terapia adecuada o de utilidad para todos, es decir, es absolutamente ineficaz para aquellas persona que no quieren cambiar, para quienes se niegan la verdad, para quienes consideran no estar enfermos o no tener vicios, para quienes se consideran perfectos, para quienes no desea conocer o escuchar sobre sus defectos, etc. Caso contraro las personas que están permanentemente observando sus pensamientos, sentimientos y acciones, alertas ante cualquier defecto que puean superar, sanar o transmutar, para quienes están constantemente en la búsqueda de la verdad que le permita superar el autoengaño, la autojustificación y la autoflajelación, para quienes tienen la apertura de escuchar o descubrir sus defectos, para las persona cuyo anhelo es el cambio personal sin fanatismos ni exageraciones, la terapia floral puede resultar innecesaria o insuficiente, pues el efecto de las flores no logra sustituir o en muchos casos superar la frecuencia energética que logran alcanzar estas personas en constante superación personal. Esto no pone de manifiesto un defecto en la terapia floral, sino todo lo contrario, nos viene a recordar que la mejor medicina es la que se logra por mérito propio, mediante la evolución.
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